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Lina JUANCA

A mediados de los 80s acabé con mis huesos en Barcelona. Me alojé en una torre, en la zona alta de la ciudad, propiedad de un amigo de la familia que se encontraba trabajando en Norteamérica, con su familia, y que tuvo el detalle de cederme su propiedad por mas de un año por un módico alquiler. En muchas casas de la alta burguesía catalana de la época era habitual que el servicio domestico fuera atendido por una familia filipina, este era el caso.

En una vivienda de servicio a la entrada de la torre habitaban Yanira, una viuda filipina entre los cuarenta y los cincuenta, discreta y trabajadora, junto a sus dos hijos, Marcos, que rondaba los 20 años y se encargaba del jardín, la piscina, y el mantenimiento de los coches (incluido el mío) y la más pequeña, Aurora, una belleza amarilla de 17 que estudiaba en un colegio religioso y ayudaba a su madre en las tareas domesticas.

Yo me dedicaba a cuidar y vigilar mis inversiones (que en esa época volvían a ir viento en popa) y a vivir la vida en la cosmopolita Barcelona anterior a los Juegos Olímpicos, una ciudad encantadora y dinámica, Vivía ajeno al que dirán, a las criticas del vecindario sobre mi vida libertina y licenciosa y a los intentos de alguna que otra dama de la buena sociedad catalana que esperaba, tras dejarme follarla por todos sus agujeros, una proposición de boda que jamas pasó por mi mente ofrecer.

En la cara circunspecta de la católica Yanira notaba que no aprobaba mi vida licenciosa, cosa que a mí me importaba un carajo. Otra cosa era su hijo Marcos, al que le brillaban los ojos de admiración por mis conquistas (al menos eso pensaba yo) cuando me saludaba por las mañanas tras alguna de mis noches de desenfreno. La pequeña Aurora también era otra cosa, era, sin duda, un bomboncito, mi oscuro objeto de deseo, una belleza oriental menuda y sensual a la que intentaba apartar de mi mente por respeto a su familia y por miedo a perder los papeles con ella. Ella parecía darse cuenta y se mostraba ingenuamente morbosa con su faldita de colegiala, en definitiva, me vacilaba de lo lindo aprovechándose de mi respeto y pasividad.

Así transcurrieron mis dos primeros meses en Barcelona. Todo cambio una noche. Había planeado un lúbrico fin de semana, en un suntuoso apartamento de la Costa Brava, con la hija de un conocido industrial que se estropeó en la cena al plantearme la señorita un compromiso serio para continuar "nuestra relación". La deje plantada en el segundo plato, nunca me han gustado las encerronas y menos las mujeres prepotentes que creen que su ascendencia les hace dueñas de mi destino. Me tome unas copas para tranquilizarme y que se me pasara el mosqueo y pedí un taxi (habíamos ido en su coche hasta la costa) para volver a casa. Llegué a la torre sobre las tres de la mañana. Entré sigiloso en la casa para no despertar a la inquieta Yanira y me dirigí a mi aposento. Eran los primeros días de verano. Siempre me ha gustado dormir en pelotas, iba ligeramente borracho, apagué la luz y cual no fue mi sorpresa al distinguir una tenue luz y un suave canturreo que provenían de la gran habitación que ocupaban (cuando estaban en la casa) los propietarios. Sorprendido me incorporé y, en silencio, me dirigí a la habitación, me quede de piedra. Marcos, vestido con ropa de la señora de la casa, se maquillaba ante el espejo ajeno a mi presencia tarareando una cancion. Alucinado le observé por un buen rato, se mostraba absolutamente femenino, muy coqueto. Siempre me ha gustado vivir y dejar vivir así que decidí dejarle a su aire sin que advirtiera mi presencia e irme a dormir pero el destino me jugó una mala pasada (o buena, según como se mire) un arranque de mi tos de fumador impenitente me traicionó, el filipino se dio la vuelta y me vio en pelotas bajo el quicio de la puerta, tras la sorpresa inicial, su reacción no pudo ser mas dramática, se dirigió hacia donde estaba, de rodillas, en pleno llanto, suplicándome, entre susurros, que no le delatara. La situación era extraña, casi surrealista, yo en pelotas, de pie, y ante mí, de rodillas un joven oriental travestido rogándome mil perdones, su aliento lloroso a poca distancia de mi verga. Marcos se aferró en un abrazo a mis nalgas insistiendo en sus suplicas. Mi polla, que siempre ha ido a su aire, reaccionó, el filipino, asustado, sacó el instinto de zorrona que llevaba dentro y pasó su mejilla por la punta de mi verga que se exhibió en toda su plenitud. Ante mi pasividad y sorpresa, la besó y la introdujo en su boca, en mis treinta y pocos años de existencia muchas bocas habían probado el sabor de mi polla pero, entre ellas, nunca la de un hombre, aunque cuanto más le miraba como succionaba mi capullo, con los ojos entornados, menos veía a un hombre y más sentía a una de esas modosas señoritas que en la intimidad se comportan como genuinos putones. El caso es que me deje hacer, reconozco que siempre he sido un tipo dominante y he apreciado la sumisión de otras personas, cuando comencé a acariciarle el pelo Marcos se entregó a la mamada con esmero, mirándome a los ojos poniendo esa cara de cordero degollado tan habitual en los chicos a los que les gusta la verga. Me tragué mis prejuicios y disfrute de la mamada.

Más tranquilo y seguro el filipino me dijo:

-¡No te arrepentirás!

Y haciendo verdaderos esfuerzos se la metió hasta la garganta, no le entraba toda pero pocas mujeres se habían metido mi polla hasta el fondo de la campanilla como hacia Marcos. Sopesaba y alababa mis pelotas, lamía todo el tallo de mi verga y la engullía hasta que hacia tope en el fondo de su garganta, a pesar de su majestuosa mamada y debido al alcohol ingerido, tardé casi treinta minutos en correrme, la cabeza me daba vueltas, las piernas me flaqueaban pero Marcos se aplicó como un estudiante empollón en su tarea hasta que consiguió su premio. La ración de leche que tenia preparada para la joven heredera acabó en la boca de la maricona amarilla que no desaprovechó una sola gota. Se alimentó, se relamió y le dio un repaso de lengua que me dejo la polla reluciente y limpia. Abrumado por la experiencia le dejé de rodillas y me dirigí a mi habitación a rumiar los acontecimientos tumbado en mi cama, no me fue posible, Marcos, desnudo, me siguió y tumbado como un manso gatito, a los pies de la cama, chupo los dedos de mis pies uno por uno y masajeó mis pantorrillas para acabar chupándome las pelotas y la polla hasta que esta reaccionó de nuevo. Le dejé hacer, me daba mucho gusto, el placer era mayor que el prejuicio.

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Viendo su cabeza entre mis piernas devorando mi verga y su trasero, precioso, levantado, como el reclamo de una felina en celo, me recreé en el gusto que me daba y observé detenidamente las características físicas del filipino, cuando se incorporó pude ver su pequeña polla amarilla bien empalmada. Se situó sobre mí, tomo mi polla entre sus manos y apuntó el capullo en la entrada de su culito, en ese momento cualquier atisbo de vergüenza o desaprobación había desaparecido de mi cerebro. Entre gemidos y suaves quejidos el filipino, al que ahora le distinguía perfectamente sus rasgos afeminados, se encajó en el trasero toda mi polla. Tengo amplia experiencia follando culos de variada índole, se lo que me digo, la estrechez y apretura de aquel ojete era la típica del que se había tragado pocas vergas y encajar mi monstruo en su intestino, sin ningún tipo de lubricante, le debió suponer en sacrificio mas que notable. Me gustó su esfuerzo y la hermosa sensación de sentir la base de mi polla estrangulada por el anillo de un esfínter que acaba de dejar de ser virgen. Sentía el calor de su interior, la vibración de las paredes de su trasero acogiendo mi polla, el filipino, fibroso y delgado, en trance iniciatico. Sentí una caliente humedad en mi vientre, la maricona amarilla se había corrido sin tocarse, me repugno un poco, él lo advirtió y sin desempalarse limpió con la sabana su corrida. Mi verga estaba en su mejor estado, comencé a bombearle, el filipino prácticamente levitaba sobre mí pero, con el arriba, no alcanzaba la posición de dominio que me apetecía, lo intuyó y con una grácil vuelta, sin sacarla, se sitúo debajo mío, en la posición del misionero. Ahí si, ahí le di la del pulpo, sin contemplaciones, a pesar de que su ojete apresaba todavía mi polla y dificultaba el transito y el deslizamiento comencé a embestirle, podía ver su cara de dolor, de entrega, de placer. Lo dicho, todo un sacrificio. Un sacrificio que he de reconocer que me enardecía, me calentaba, me gustaba. La maricona amarilla, como una buena puta, relajo su esfínter y se dejó hacer. El mete y saca se fue haciendo mas fluido, casi media verga entraba y salía ya sin dificultades de su espléndido trasero, sus "ay ay ay" ya eran de puro gusto. Cuando sentí la proximidad de mi corrida, comencé a embestir con mas energía, con puro brío de macho que se estrena como enculador de zorras con polla, el filipino enroscó sus piernas en mis riñones, se abrió las nalgas con las manos y se dejo dominar y follar hasta que sus entrañas recibieron un verdadero torrente de leche. Un orgasmo de época que me dejo extenuado. Se la saque sin mucho miramiento, se quejo de dolor cuando lo hice, me tumbé en la cama con claros síntomas de arrepentimiento, mi polla exhibía muestras explícitas de la batalla, restos de leche, de sangre y un poco de caca en su capullo, Marcos no tuvo escrúpulos, con su boca y su lengua la dejo limpia y reluciente y dándole un beso en la punta, como despedida, desapareció de mi vista.

Al día siguiente desperté sobre las once de la mañana, hacia un sol radiante, tenia un poco de resaca y esa extraña sensación titubeante de si todo ha sido un sueño o pura realidad. Yanira al verme se puso a disponer lo necesario para mi desayuno, en el jardín Marcos, en camiseta y pantalón corto, limpiaba la piscina, cuando me vio se pavoneó como una mariposa. Moviendo su trasero como una genuina maricona pero sin poder disimular la sensación de dolor que este movimiento le causaba. Sin duda mi verga había causado estragos en su trasero. Le emplace a charlar después de mi desayuno, mi tono de voz no le debió parecer muy cariñoso, le costó disimular las lagrimas.

Desayuné tranquila y opíparamente en el jardín y cuando mi apetito fue saciado le hice señas a Marcos que, azorado, esperaba mi llamada. Se acercó y le invite a sentarse.

-Marcos no me lo voy a hacer de puritano y no voy a tomar ningún tipo de medida contra ti o tu familia pero has de saber que lo de ayer solo fue producto de la casualidad, mi vocación no es follar mariconcetes sumisos, lo de ayer pasó y no te voy a negar que me gustó y que me lo pasé bien pero no sé si es por mi educación o por lo que sea no me siento muy cómodo después de haberlo hecho –Marcos atendía toda mi perorata con la cabeza agachada- no voy a decir de esta agua no beberé porque igual un día que acabe solo y con unas copas me acuerdo, me caliento y me apetece follarte pero has de saber que ni es lo mío ni hay ningún tipo de compromiso ¿esta claro?

-Si señor -contestó temeroso- solo le pido que no despida a mi familia, yo haré lo que usted quiera.

Ni tenia intención de despedir a la familia ni podía hacerlo, al fin y al cabo yo solo era un inquilino de la torre pero la devoción y sumisión del muchacho me causo pena y compasión.

-¡No te preocupes Marcos! ¡no pasara nada de eso! Sois buenas personas y muy trabajadores.

-Yo estoy a su servicio señor

-¡Venga va! ¡Sigue con lo tuyo!

-¡Yo sé lo que usted quiere y se lo voy a conseguir! –me dijo decididamente cuando se marchaba

Su frase me dejo un poco desconcertado, le llame y le pregunté:

-¿Qué has querido decirme con eso Marcos?

El con una sonrisa cómplice y sumisa, con la cabeza agachada contestó coqueto:

-Mi hermana Aurora. ¡Yo se la conseguiré!

Sonreí.

-Que sea con el uniforme de colegiala –le conteste bromeando incrédulo mientras me dirigía a la piscina a despejarme con un buen baño.

Las cosas siguieron como siempre aunque no podía evitar un ligero estremecimiento cada vez que veía al joven oriental que se pavoneaba ante mí mariposeando y ofreciéndose sin que yo atendiera a las evidentes sugerencias del lenguaje de su cuerpo.

Era viernes por la mañana y tomaba el sol en la tumbona cuando una sombra me privo de sus rayos, era Marcos.

-¡Buenos días! ¿Tiene el señor algún plan para esta noche? –me preguntó entre irónico y divertido.

-La verdad es que no –conteste curioso -¿por que?

-Si usted quiere hoy puede ser el día

-¿Qué día?

-El día en que yo consiga que usted folle bien follada a mi querida hermanita –contesto decidido

-¿Estas de broma?

-Nada de bromas. Hablo muy en serio.

-Te escucho.

-Usted solo tiene que esperar en su habitación. Lo demás es cosa mía. Ya he hablado con mi hermana y ella esta decidida, yo me ocuparé de mi mama. Si todo va bien a medianoche sabrá todo lo que estoy dispuesto a hacer por usted. Solo una condición.

-¿Cuál?

-Mi hermana es joven y tímida. Yo debo estar presente para asistirla y ayudarla. Sin intervenir con usted, solo con ella.

-¡Ok!

Estaba inquieto e impaciente, las horas parecía que no pasaran. Yanira me sirvió la cena. Por la mañana le di una buena cantidad de dinero y le pedí que comprara dos bogavantes, uno para mi y otro para su familia, y un par de botellas de Dom Perignom. También le dije que podía quedarse con la vuelta que era una propina por lo contento que estaba por la forma que ella y su familia hacían su trabajo. Agradecida me ofreció varias inclinaciones de cabeza y se retiró.

El bogavante estaba de muerte, siempre me ha perdido el buen marisco, y regado con un buen champagne ni os cuento. Esperé ansioso el momento. Puse un disco de Bob Marley, encendí un buen porro de marihuana y espere acontecimientos tumbado en mi cama. Deje la puerta de la casa abierta.

A las doce y cuarto de la noche apareció Marcos vestido de chico pero maquillado como la noche que lo encontré usando la ropa de la señora de la casa.

-¿Esta preparado el señor?

-Preparadisimo –conteste -¿cómo va todo?

-He tenido que esperar a que a mi mama le hagan efecto los dos somníferos que le he puesto en la leche. Mi hermana se esta arreglando en quince minutos estaremos listas.

Entre la intranquilidad y el puro morbo esperé otros quince minutos que me parecieron horas interminables. Tenia una botella de Dom Perignom en una cubitera repleta de hielo. Fumaba un cigarrillo cuando Aurora y Marcos aparecieron en la habitación. Estos filipinos tenían la cualidad de dejarme boquiabierto. Vestían los dos el uniforme del colegio católico de Aurora con algunas "reformas". La falda plisada a cuadros del uniforme había menguado y apenas disimulaba sus braguitas blancas, la blanca camisa estaba abierta en sus tres botones superiores y los calcetines, del mismo color, caían sobre sus pantorrillas, Aurora llevaba el pelo recogido en dos coletas. Una autentica lolita oriental acompañada de un indefinido personaje, entre adonis y puta. Marcos sonreía visiblemente satisfecho, su hermosa hermana me ocultaba sus facciones bajando la cabeza vergonzosa, el surco de sus pechos era visible bajo su camisa abierta y sus piernas torneadas una verdadera tentación. Marcos tomó en alto la mano de su hermana y le pidió que se diera una vuelta sobre sí mismo para exhibirse, consiguió algo mas que mi aprobación, consiguió que se me pusiera la polla para partir nueces.

-Mi hermanita es toda suya –asintió Marcos sonriendo picaron y acercándola a la cama donde yo estaba tumbado. Aurora se sentó al borde de la misma, su hermano tomándola del mentón exhibió ante mi la exótica belleza de su rostro y me invito a besarla. Lo hice, su aliento sabia a fresas, un embriagador y desconocido perfume emanaba de su cuello y enervaba mis sentidos, bese su cuello, su nuca descubierta entra sus dos cándidas coletas, se le erizó la piel y pude ver como sus preciosos pezones apuntaban desafinares bajo la camisa blanca, ella permanecía pasiva mientras su hermano la animaba y le acariciaba el interior de sus muslos, poco a poco se fue animando y entregándose a mis besos, era una delicia, su lengua y mi lengua se enroscaban, introduje mi mano bajo su camisa y aprecie la suave piel de sus pechos turgentes hasta alcanzar un notable pezón erecto que hizo vibrar mi verga de emoción, ella gimió en un breve estremecimiento de placer y se tumbo en la cama dejándose hacer, su hermano, pendiente de todo, desabrochó su camisa para exhibir ese par de tetitas maravillosas, redonditas, de tamaño normal, coronadas por un rosetón marrón oscuro sobre el que reinaban dos magníficos y abultados pezones. Acerque mis labios a aquellas maravillas, bese sus pezones, Aurora gimió, la mano de su hermana se perdía bajo su faldita plisada, los pezones se le pusieron para reventar de duros, los chupe con pasión encendida, con morbo y deseo mientras su hermano le bajaba las impecables y radiantes bragas blancas. Aun mantengo la instantánea grabada en el cerebro y la polla se me sigue inquietando al recordarlo, su faldita levantada, las braguitas a la altura de las rodillas y un matojo de recio pelo negro, como un nido de aves del paraíso, circundando su hermoso coño de abultados labios marrones. Una maravilla.

Totalmente tumbada en la cama, con la falda a cuadros levantada, abierta de piernas mostrando su sexo húmedo, la camisa desabrochada que permitía ver sus pechos juveniles y los ojos entrecerrados, entregada.

Marcos me indico.

-¡Dele de mamar mientras yo se la preparo! Vera que bien lo hace, la he tenido practicando varias horas al día.

Me despojé de los slips y mi polla salto como un resorte, Aurora abrió los ojos sorprendida.

-Es mayor que la mía y la de tu primo pero se mama igual. Como te he enseñado –le indico su hermano

Ver aquella hermosa oriental, abrir tímidamente sus labios y besar la punta de mi polla me hizo templar de estremecimiento y placer, sudaba como un cosaco, sentir su lengua en mi capullo descubierto ensalivándolo. Su hermano hundió su cabeza entre sus piernas y comenzó a comerle el coño. A eso era a lo que se refería cuando dijo que le diera de mamar mientras él me la preparaba. Aurora levantaba su trasero para facilitarle el trabajo a la lengua de su hermano y pasó de lamerme todo el tallo de la verga a meterla en su boca todo lo que esta daba de si, no era tan aventurada como su hermano que llego a tragar casi dos tercios de mi polla pero no había color, el hermoso rostro de ojos rasgados realzado por el rojo rubor de sus mejillas y la confianza surgida que le permitía mirarme a los ojos mientras me la chupaba me tenían en un éxtasis de sensaciones placenteras. Nunca he sentido mi polla con una empalmada tan intensa, creía que me iba a estallar. Verla correrse abierta de piernas con su hermano comiéndole el coño mientras me mamaba la polla me erizó el vello del cogote.

-Ya esta lista señor. Ya la puede usted follar pero tiene que hacerlo con cuidado, ni mi pene ni el de nuestro primo son tan grandes como esa maravilla que tiene usted entre las piernas –me invito Marcos cediéndome su lugar entre las piernas de su hermana que en todo el tiempo que llevábamos enrollados no había pronunciado una sola palabra. Solo gemiditos de placer. Marcos tomó un par de cojines y los puso bajo las nalgas de Aurora, dejando su coño a merced de mi verga.

Cuando la linda filipina sintió el roce de la punta de mi polla entre los labios de su coño dibujó una hermosa O con sus labios y me pareció la mujer mas bella que he tenido a mi disposición, con delicadeza empujé mi verga en su coño y le ingresé todo el capullo en su interior, a un pequeño quejido de dolor le substituyo una hermosa e incitadora sonrisa que me invitaba a continuar la penetración. Su hermano de pie nos observaba sin perderse un detalle meneando con frenesí su diminuta polla amarilla que escupía semen sobre el suelo. Cuando la joven Aurora sintió topar mis pelotas entre los labios de su coño emitió un suspiro de alivio y lubricó mi verga con una abundante y espesa mojada que me dejo las pelotas pegajosas. Comencé un suave bombeo que cuya intensidad fuí aumentando conforme veía mas receptiva a la follada a la joven oriental que movía su cabeza de un lado a otro poseída por el placer. Un inenarrable cosquilleo surgió de la base de mis pelotas, ascendió por mi columna vertebral y culmino con un blanco fogonazo en mi cerebro. El corridon del siglo. La leche no paraba de manar de la punta de mi polla, conforme embestía verga en su coño, en los estertores de mi corrida, esta se derramaba al exterior inundando de flujo y semen los labios de su coño y el interior de sus muslos. Aurora semidesmayada hacia movimientos automáticos con las piernas, mire a Marcos que manipulaba un grueso pepino dentro de su culo.

Marcos tomo a su hermana y juntos se dirigieron al baño. Yo les seguí con una copa y la botella de Dom Perignom. Tomaba champagne a sorbos en el baño mientras me deleitaba viendo como Marcos amorosamente aseaba el coño de su hermana en el bidé y la animaba para el siguiente capitulo.

-Ahora le toca a su culito. Usted señor debe de descansar mientras yo la preparo, puede sentarse en el sillón a tomar un trago y a mirar como lo hago, seguro que será de su agrado.

Nuevamente en la habitación, yo sentado en el sillón de bambú tomando champagne, el joven Marcos tumbado en la cama y su hermana Aurora sobre él en posición invertida haciendo un 69, con una novedad, Marcos jugueteaba con una zanahoria en el culo lubricado de Aurora y esta movía frenéticamente un grueso y verde pepino que se perdía en el culo de su hermano. El espectáculo era realmente alentador, al menos eso le pareció a mi verga que recuperó su vigor y nuevamente se exhibía en todo su esplendor. Marcos lo observó y me invitó a tomar posiciones, deshaciendo el 69 con su hermana.

-Es su turno señor. Mi hermana esta lista.

La chica en cuatro me ofrecía su negro agujero levantando las nalgas, su hermano, sin sacarse el pepino del culo tomo mi lugar en el sillón de bambú. Me sitúe de rodillas tras Aurora, la visión que me brindaba era espectacular, un redondo, moreno y juvenil trasero, un hermoso coño chorreante y un oscuro agujero que se abría y cerraba suplicante.

Apunte mi verga en el mismo anillo de su esfínter y empujé ingresándole el capullo en su culito, ella se quejó de dolor, la saqué.

-No lo haga señor. No se la saque. Aunque se queje a ella le gusta –me indico Marcos.

Siempre estoy atento a los consejos que me interesan, le volví a meter la polla por el culo y no atendí a quejas ni suplicas, avance con mi verga en su intestino, sintiendo su hermosa presión, hasta metérsela casi por completo, Aurora bufaba y relajaba su esfínter para facilitar la penetración, me estaba costando, de una sola embestida la empalé hasta la raíz, esta vez la filipina grito de dolor pero la polla ya estaba clavada en su trasero en toda su dimensión. Me quede quieto, dándole tiempo a que se recuperara y su esfínter se dilatara y aceptara sin problemas mi verga, Aurora se incorporó y dejo que su hermano volviera a situarse bajo ella. Marcos le comía el coño y me lamía y chupaba las pelotas, Aurora empezó a animarse, a mover su trasero demandando movimiento y mete y saca, se lo di, no sin esfuerzo por mi parte y sacrificio por la de ella conseguimos en unos pocos minutos que mi verga se deslizara adecuadamente por su esfínter, entrando y saliendo, Marcos, sacando de su boca una de mis pelotas, que chupaba con fruición casi me ordeno.

-Ahora es el momento señor. Dele duro que disfrutamos todos.

Tomé a Aurora de las coletas como si fuera la brida de un caballo y comencé la mas hermosa cabalgada que he desempeñado en la grupa de una mujer, ver su otrora cerrado agujero, abierto en todo su esplendor tragándose mi verga hasta la raíz me emocionó mas allá del placer, ella acompasaba, receptiva, sus movimientos a mis embestidas, una enculada de antología, gritaba de placer, bufaba de gusto y por primera vez en la noche se dirigió a mi.

-¡Siiiiiiii! ¡Deme duro! ¡Rómpame!

Yo estaba fuera de mi, aquella joven oriental, aparentemente tan frágil, me recibía en su interior moviendo su trasero para aumentar el impacto de mis pelotas en los labios de su coño y en la boca de su hermano, nuevamente sentí mi verga en su plenitud, al borde del estallido, nuevamente mis pelotas temblaron expulsando su contenido que salía a borbotones de la punta de mi polla y se alojaba en las entrañas de Aurora. Nuevamente fui el hombre más feliz del mundo. Aurora cayo sobre su hermano, al que dejó sin resuello y yo sobre ella, haciendo fuerza con su esfínter y con mi colaboración desalojo mi verga de su interior, su hermano que se afanaba con su coño chorreante abandonó su tarea para libar la leche que se derramaba del abierto agujero del culo de su hermana que entró en una especie de sopor, casi desmayada. Acto seguido limpio los restos de semen, sangre y mierda de la punta de mi polla y casi caí extenuado.

En silencio, mientras yo yacía amodorrado en la cama, se malvistieron con su uniforme colegial y se dirigieron a la salida de la mano, al llegar a la puerta de la habitación se dieron la vuelta, Marcos tiró de la mano de su hermana y esta se dirigió a mi.

-Estamos a su disposición señor. Ya sabe, si usted complace a mi hermano yo estaré encantada de complacerle a usted.

Había caído en sus redes.

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